Santiago de Cuba, 20 de febrero del 2014
Tema: “El árbol prohibido, desobediencia y gracia de Dios”
Por el hermano Fernando Enrique Bolivar Elliot
Dice la palabra en Génesis 3:3 “Pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis”.
Ahora, ¿por qué Dios identificó el árbol, cuyo fruto no han de comer ni tocar Adán y Eva, precisamente en el medio del huerto?, ¿por qué no identificó el árbol en otra parte del huerto? Es decir, en un lugar más apartado que dificultara el acceso a él y no pudieran comer de su fruto tan fácilmente; vean que digo identificó y no puso, porque solo Dios sabe si el árbol era malo de verdad o solo representaba el símbolo de la obediencia y la Fe del hombre hacia Dios. Pero yo pregunto hermanos, ¿acaso Dios iba a poner un árbol venenoso en el huerto, amando y queriendo el bien para su creación?, creo que no. Dios solo quería que el hombre obedeciera y cumpliera, como hijo al Padre, el único mandamiento que le había dado para que tuviera vida eterna, porque para él “morir” significaba que el hombre se apartaría espiritualmente.
Volviendo a nuestra pregunta, ¿por qué en el medio del huerto? Si nosotros hermanos, ponemos un objeto en el medio de nuestra casa, ¿no hay mayor probabilidad, de que tropecemos constantemente con ese objeto o al menos lo veamos fácilmente? Precisamente ese era el propósito de Dios, que Adán y Eva, lo tuvieran siempre a la vista, que tropezaran con él cada vez que anduvieran por el huerto, para qué, para que recordaran el mandamiento de su creador, el mandamiento de su Padre, lo cumplieran y lo respetaran.
Pero el hombre desobedeció el mandato de Dios, no respetó un único mandamiento que le había dado, fíjense hermanos el amor de Dios, que creó al hombre a imagen y semejanza, como dice la palabra en Génesis 1:26 “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra”. Solo un mandamiento hermanos, y el hombre, cumpliendo con esto, podía hacer todas las demás cosas. Sin embargo, vino la serpiente, que no es más que la presencia de Satanás ante el hombre, y como dice la palabra en Génesis 3:4-5 “Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis, sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” ¿Y qué pasó con la mujer?, se dejó convencer por la serpiente, quería ser como Dios, interpretando erróneamente “a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”.
Hermanos, ¿dónde estaba Adán cuando la serpiente sedujo a Eva?, que lo único que tenía que hacer, además de servir y adorar a Dios, era cuidar a su mujer, pasear con ella por el huerto, y disfrutar del bienestar que Dios le había dado; no tenía ni que esforzarse en trabajar, como lo hacemos ahora nosotros, ya que lo tenían todo a la mano. La verdad, es que no tengo claridad si Adán estaba junto a Eva o estaba entretenido en otras cosas. Más dice la palabra en Génesis 3:6 “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y era agradable para los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella”; aunque también Eva podría haber llevado el fruto del árbol donde se encontraba Adán. Sin embargo, cualquiera que hubiese sido el caso, Adán no cuidó a Eva, incumpliendo la palabra de Dios cuando dijo: Génesis 2:24 “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”.
Pero Adán, no solo descuidó a Eva, sino que prefirió obedecerla antes que a Dios, por eso Dios le dijo: Génesis 3:17 “Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida”.
Hermanos, Adán y Eva acabaron con nosotros; ustedes se imaginan ese huerto con frutas, alimentos, aguas cristalinas, que por supuesto no se acaban, con vida eterna, sin tener que hacer cola para coger el gas, ni tener que correr para coger el pollo porque si no se acaba, ni pensar en el transporte hermanos, ni en la casa donde vivir.
Fíjense hermanos, si el árbol era importante para que el hombre mantuviera la obediencia y la Fe hacia Dios, que a partir de ahí se desató un tsunami de desobediencias y malas acciones, a partir de ahí comenzó la maldición de nuestra tierra: Caín mata a su hermano Abel, los hijos de Dios tomaron para sí mujeres de otras tribus que no veían a Dios como su Señor y Salvador, y les engendraron hijos. Y dice la palabra en Génesis 6:5-7 “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo, pues me arrepiento de haberlos hechos”.
La situación estaba tan caótica hermanos, que Dios se arrepiente de haber creado al hombre, y decide borrarlo de la faz de la tierra. Sin embargo, el amor de Dios por nosotros es tan grande, que todavía vio en Noé una esperanza, Génesis 6:9 “Estas son las generaciones de Noé: Noé, varón justo, era perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noé”. Entonces Dios hace un pacto con Noé, Génesis 6:18 “Más estableceré mi pacto contigo, y entrarás en el arca tú, tus hijos, tu mujer, y las mujeres de tus hijos contigo”. Y bueno, ya ustedes saben lo que sucedió después, vino el Diluvio, y todo lo que había en la tierra murió, por supuesto a excepción de Noé y su familia, y los animales que entraron en el arca con él.
Y Dios bendijo a Noé y a sus hijos, como lo hizo en su momento con Adán y Eva, así les dijo: Génesis 9:1-3 “Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra. El temor y el miedo de vosotros estarán sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo que se mueva sobre la tierra, y en todos los peces del mar; en vuestra mano son entregados. Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo”. Pero miren hermanos lo que Dios adicionó: Génesis 9:4-6 “Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis. Porque ciertamente demandaré la sangre de vuestras vidas; de mano de todo animal la demandaré, y de mano del hombre; y de mano del varón su hermano demandaré la vida del hombre. El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre.” Lo cual significa un nuevo árbol pero con igual mandamiento, antes dijo “del fruto del árbol no comeréis”, ahora dijo “carne con su vida no comeréis”.
También Dios bendijo a Abram e hizo un pacto con él, Génesis 17:4-6 “He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes. Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes. Y te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti”. Una vez más Dios bendice a sus hijos, pero esta vez Dios es más enérgico en sus condiciones y dijo: Génesis 17:10-11 “Este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros. Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros”. Es como si Dios dijese “te amo pero no confío”.
Después vino el tiempo de Jacob, donde muchas gentes se apartaron de su Dios y adoraban a dioses ajenos, y dijo Dios a Jacob: Génesis 35:1-2 “Levántate y sube a Bet-el, y quédate allí; y haz allí un altar al Dios que te apareció cuando huías de tu hermano Esaú. Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que con él estaban: Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, y limpiaos, y mudad vuestros vestidos”. Luego que Jacob edificó el altar, le apareció Dios otra vez y le bendijo. Y le dijo Dios: Génesis 35:10-11 “Tu nombre es Jacob; no se llamará más tu nombre Jacob, sino Israel será tu nombre; y llamó su nombre Israel. También le dijo Dios: Yo soy el Dios omnipotente: crece y multiplícate; una nación y conjunto de naciones procederán de ti, y reyes saldrán de tus lomos”. Como pueden ver hermanos, en este tiempo, los hijos de Dios, desobedecían sus mandatos y se alejaron del verdadero camino mostrado por Dios, adorando dioses ajenos. Sin embargo, Dios perdonó a su pueblo cuando bendijo a Jacob.
Miren hermanos, y todavía hay quien dice que Dios no ama a sus hijos y a su pueblo; hasta aquí cuántas veces ha tenido Dios que perdonar y bendecir a sus hijos, aún después de tantas desobediencias.
Pero aún hay más, el odio y la envidia moraban en el pueblo de Israel. ¿Los hermanos de José, hijo de Jacob, no vendieron a José por veinte piezas de plata, y luego se lo llevaron a Egipto? Más Jehová quiso que fuera así, porque tenía un plan para él en Egipto; y cubrió con su misericordia a José cuando estaba preso en la cárcel del Rey en Egipto, haciendo que se ganase el favor del alcalde.
Y fueron tiempos de Moisés, cuando Dios se le apareció en forma de fuego en medio de una zarza, en el monte Horeb, la montaña de Dios, y le dijo: Éxodo 3:6-8 “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo en Egipto, y he escuchado su clamor en presencia de sus opresores; pues ya conozco sus sufrimientos. He bajado para librarle de la mano de los egipcios y para subirle de esta tierra a una tierra buena y espaciosa; a una tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, de los hititas, de los amorreos, de los perizitas, de los jivitas y de los jebuseos”. Ya saben hermanos todo lo que Dios hizo en Egipto para que el Faraón dejase ir al pueblo de Israel. Sin embargo, estando el pueblo de Israel en el desierto de Sin, muchos desobedecieron los mandatos de Jehová, a tal punto que dijo Jehová a Moisés: Éxodo 16:28 “¿Hasta cuándo os negaréis a guardar mi mandatos y mis leyes?”.
Créame hermanos, Dios dijo esto, no solo por las desobediencias del pueblo de Israel en el desierto, sino por el cúmulo de desobediencias y malas acciones cometidas por el pueblo de Dios a través de todos esos años, desde el mismo comienzo del hombre.
Y estando el pueblo de Israel acampando en el desierto frente al monte Sinaí, Dios le daría la oportunidad de decidir si querían seguir bajo la dirección divina o si quieren en cambio recibir y aceptar la ley y los mandamientos. Es entonces que el pueblo de Israel acuerda aceptar las leyes de Dios, sin tener en cuenta que la gracia de Dios fue la que los sacó de Egipto, que les dio de comer y de beber en el desierto cuando tenían hambre y sed; el pueblo de Israel cambió la gracia de Dios por la Ley. Esto hermanos míos, es lo que muchos hacemos hoy en día, cambiar la gracia de Dios por las leyes, cuando en realidad Dios salva por la gracia no por la ley. Sin embargo; la ley demanda, la gracia da; la ley dice haga esto, la gracia dice crea en el Señor Jesús Cristo; la ley exige, la gracia obsequia; la ley dice trabaje, la gracia dice descanse; la ley amenaza, la gracia bendice; la ley condena al mejor hombre, la gracia salva al peor hombre.
Y Jehová bajó al monte Sinaí y le habló al pueblo de Israel: Éxodo 20:1-17 “Entonces pronunció Dios todas estas palabras diciendo: Yo, Jehová, soy tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre. No habrá para ti otros dioses delante de mí. No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto, porque yo Jehová, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian, y tengo misericordia por millares con los que me aman y guardan mis mandamientos. No tomarás en falso el nombre de Jehová, tu Dios; porque Jehová no dejará sin castigo a quien toma su nombre en falso. Recuerda el día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el día séptimo es día de descanso para Jehová, tu Dios. No harás ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el forastero que habita en tu ciudad. Pues en seis días hizo Jehová el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó; por eso bendijo Jehová el día del sábado y lo hizo sagrado. Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que Jehová, tu Dios, te va a dar. No matarás. No cometerás adulterio. No robarás. No darás testimonio falso contra tu prójimo. No codiciarás la casa de tu prójimo, ni codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo”.
Cuando todo comenzó era un solo mandamiento, ahora los mandamientos crecieron según las indisciplinas y las desobediencias del hombre con relación a las leyes de Dios. Pero además, Jehová le pone normas al pueblo de Israel, 100 normas que aparecen en el libro de Éxodo: en Éxodo 21 (73 normas), en Éxodo 22 (30 normas), y en Éxodo 23 (33 normas). Todo por qué, por no aceptar la gracias de Dios. Pero todavía Jehová no había terminado de hablar con Moisés y ya el pueblo estaba adorando un becerro de oro. Entonces habló Jehová a Moisés, y dijo: Éxodo 32:7-10 “¡Anda, baja! Porque tu pueblo, el que sacaste de la tierra de Egipto, ha pecado. Bien pronto se han apartado el camino que yo les había prescrito. Se han hecho un becerro fundido y se han postrado ante él; le han ofrecido sacrificios y han dicho: Este es tu Dios, Israel, el que te ha sacado de la tierra de Egipto.” Y dijo Jehová a Moisés: Ya veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Déjame ahora que se encienda mi ira contra ellos y los devore; de ti, en cambio, haré un gran pueblo”. Y volvió Dios a darle una oportunidad al hombre esta vez por mediación de Moisés.
Y tuvieron que pasar hermanos varias generaciones hasta la llegada de Cristo: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones. Para que Dios hiciera un nuevo pacto con el hombre, sacrificando a su hijo en la cruz por el perdón de nuestros pecados. Porque Dios odia el pecado hermanos, ahí radica la justicia de Dios, él odia al pecado tanto como nos ama a nosotros; envió a su hijo a la cruz a morir crucificado, puso sobre él los pecado de todo el mundo, y luego lo juzgó, para qué, para que fuésemos libres de pecados, y quedemos aceptado ante sus ojos. Pero no solo los pecados del presente, Dios nos perdonó, los pecados del pasado, del presente, y los que están por venir.
¿A caso eso quiere decir que hagamos lo que nosotros queramos?, claro que no. Sin embargo, todavía hoy existen guerras, asesinatos, ladrones, adulterios, se codician todas las cosas del prójimo, las mujeres se venden, niños desamparados, hambre, enfermedades. Todo se ha multiplicado hasta nuestros días, incluso hasta los mandamientos y las leyes de Dios; de un único mandamiento que Dios le dio a Adán y a Eva, hoy nosotros tenemos que estudiar, aprender y cumplir con toda la palabra de Dios que aparece en la Biblia.
Y por qué hermanos, por todas las desobediencias de los hombres ante Dios, que se ha ido acumulando desde los primeros tiempos, por la pérdida de Fe, por poner las leyes de los hombres primero que las leyes y la gracia de Dios, por ajustar nuestra conducta a leyes sociales, económicas y políticas impuestas por los hombres, y no por las leyes de Dios. Créanme mis hermanos, esta guerra no es de los hombres, esta guerra es de Dios, solo la llegada de Jesús Cristo será la salvación de todos nosotros, solo con su llegada terminarán nuestras angustias.
Mis hermanos, mis queridos hermanos, aferrémonos a la Fe de Dios, prediquemos su palabra para que sean más los salvados, y menos los desechados; clamemos a nuestro Alfarero en oración y acción, para que salgan más vasos de honra, y menos de deshonra. No podemos menguar en la guerra espiritual que tenemos que librar, el sacrificio que hizo Dios por nosotros no puede ser en vano; que de ante mano no lo es, pero nos toca ser protagonistas en esta lucha, unidos hermanos, siendo un solo cuerpo, con una sola misión, con un solo Dios.
Demos gracias hermanos a Dios, por lo que ha hecho, hace y hará por nosotros, por no desampararnos, por mostrarnos el verdadero camino, por enseñarnos la verdad para reconozcamos la mentira, por su justicia, por su sabiduría, por su amor, por su perdón, por nuestra salvación. ¡Gracias Dios!





































































































































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