“Cuatro Cosas Que Yo Quiero Ser Capaz de Decir…”

Santiago de Cuba, 18 de octubre del 2014

Sermón: “Cuatro Cosas Que Yo Quiero Ser Capaz de Decir…”

Por el hermano Fernando Enrique Bolívar Elliot

Para mis hermanos de la Iglesia

Fuente: 2 Timoteo 4:7-8

INTRODUCCIÓN

2 Timoteo 4:7-8 “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida”.

Pablo estaba preso, por segunda vez (1:8, 16; 2:9).

2 Timoteo 1:8 “Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios”.

2 Timoteo 1:16 “Tenga el Señor misericordia de la casa de Onesíforo, porque muchas veces me confortó, y no se avergonzó de mis cadenas”.

2 Timoteo 2:9 “en el cual sufro penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor; mas la palabra de Dios no está presa”. 

Está con actitud reflexiva.  Desde Roma escribe 2 Timoteo, que será su última epístola. (Invierno del 65, 66, ó 67 a. C.) . Mientras que en su primera carta a Timoteo Pablo se había fijado sobre todo en la iglesia; en esta segunda carta Pablo se dirige personalmente a Timoteo mismo y a la tarea que estaba delante de este evangelista joven.

Dos propósitos:

(1)    animar a Timoteo a venir al apóstol en Roma lo antes posible (4:9, 21) (en vista de su muerte inminente.

2 Timoteo 4:9 “Procura venir pronto a verme”.

2 Timoteo 4,21: “Procura venir antes del invierno. Eubulo te saluda, y Pudente, Lino, Claudia y todos los hermanos”. 

 

(2)    Dar a Timoteo algunos  consejos de  “despedida” (Entre otras cosas, amonestarle a: avivar el fuego del don de Dios que estaba en él, 1:3-7; a no avergonzarse del apóstol mismo y a dar  testimonio de Jesucristo, 1:8; a soportar las penalidades como buen soldado, 1:8; 2:3; a aferrarse a la sana doctrina, 1:13-14; a defender ésta del error, cap. 3; y a predicarla, 4:2-5). (Es como si un viejo soldado de la fe, 4:7, está por despedirse del ejército, y por tanto quiere hacer todo lo posible por preparar a un joven soldado a seguir llevando la batalla, 2:3).

Pablo sabía que ya casi llegaba el final de su vida. Su fin era inminente. (2 Tim 4:6-8).

“Por qué yo ya estoy para ser sacrificado…” Ya por muchos años Pablo había presentado su cuerpo como “sacrificio vivo” al Señor (Fil. 2:17 “Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros”). Toda la vida de Pablo, como apóstol, era un sacrificio agradable a Dios. Él se “desgastaba” en ese servicio, 2 Cor. 12:15 “Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos”. 

Nuestra vida tendrá un final también en algún momento.

Hebreos 9:27 “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”.

2 Corintios 5:10 “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo”.

¿Cómo enfrentaremos ese momento? ¿Tendremos remordimiento de no haber cumplido nuestra obra, o tendremos la confianza como Pablo, para decir estas cosas?

Estamos viendo los efectos de una gran catástrofe, donde muchas personas han muerto. Esto debe hacernos pensar también a nosotros acerca de si estamos preparados para morir, y para el juicio.

Cuando Pablo sentía que había llegado el final de su vida, él era capaz de decir estas cuatro cosa:

  1. He peleado la buena batalla.
  2. He acabado la carrera.
  3. He guardado la fe.
  4. Me está guardada la corona de justicia.

I. HE PELEADO LA BUENA BATALLA

Un discípulo debe luchar…o perder ante el enemigo. Pablo ha sido un buen soldado de Jesucristo, él ha peleado la buena batalla.

1 Timoteo 6:12 “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos”. 

Pablo usa aquí un juego de palabras: “la buena lucha he luchado”. Es la misma frase en 1 Tim 6:12. El término griego es agonizomai. Transliterada la palabra griega, viene a ser “agonizar”. Esta “batalla” es una lucha, una  contención fuerte (un combate o pelea en los juegos griegos, que eran casi a muerte). Literalmente dice el texto griego: “Batalla la batalla”, o “lucha la lucha”, o “contiende la contienda”. Agonizar la buena agonía.

2 Timoteo 2:3 “Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo”.  La predicación fiel del evangelio trae dificultades (cosas malas) que han de ser soportadas, o sufridas. Esto se debe a la naturaleza del conflicto entre Cristo y Satanás.

2 Timoteo 2:4 “Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado”. Somos solados enviados en misión especial aquí, pero nuestro cuartel está en el cielo. Por lo tanto no debemos enredaros en los asuntos de este mundo. El compromiso y concentración del soldado está en su servicio como soldado.

¿Vivimos con la mentalidad de que estamos en una lucha, en una “guerra espiritual”?.

Efesios 6:10-17 “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios”.

No podemos coexistir pacíficamente con este mundo. El mundo está atacando nuestros principios y valores constantemente. Y tenemos una lucha permanente con el pecado y con el Diablo y su influencia.

Pablo había emprendido una guerra por el evangelio. Enfrentaba mucha oposición, al enseñar, exhortar, amonestar, reprender, etc.

1 Tesalonicenses 2:2 “pues habiendo antes padecido y sido ultrajados en Filipos, como sabéis, tuvimos denuedo en nuestro Dios para anunciaros el evangelio de Dios en medio de gran oposición”.

Pablo estaba luchando.  Col. 1:28-29 “a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí”.

Debemos luchar contra el pecado en todas sus formas. Contra el pecado en nosotros mismos, y cuando está  en otros. A veces el pecado se revela en nuestro carácter. Debemos defender la verdad, lo que es justo. Y  la conducta que es conforme a la enseñanza del Señor.

Luchar no es fácil hermanos, pero es siempre posible.  Fil 4:13. Stgo. 4:7.

Filipenses 4:13 “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

Santiago 4:7 “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros”. 

¿He peleado  yo en esta manera? ¿Puede ser usted identificado claramente como uno que pertenece la ejercito del Señor, o está aquí en el mundo camuflado?

II. HE ACABADO LA CARRERA

El cristianismo es una carrera, un “rumbo o curso” para ser corrido.

Hebreo 12:1-2 “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”.

Pablo usó la figura de una competencia atlética que fue una actividad común en esos días. Esta carrera no es una de velocidad, sino de resistencia. “Corramos con paciencia…” (Perseverancia). “Despojémonos de todo peso, y del pecado que nos asedia”. Debían correr, quitando (“despojándose”) todo lo que les pudiera estorbar e impedir “correr  la carrera” y llegar a la meta. Como los pesos innecesarios estorban al atleta que corre, así también la incredulidad (el pecado principal de los hebreos) o cualquier forma del pecado estorba al cristiano.  “Puestos los ojos en Jesús…”. El atleta que se distrae de la meta está destinado a desanimarse y a retirarse. Su única esperanza de mantener su determinación es mantener sus ojos puestos fijamente en la meta. En otras palabras, de la mano de Jesús podemos llegar al final de la carrera, Él ha andado el camino (“precursor”) delante de nosotros, y él ha llegado al destino.

Comenzar una carrera y después abandonar  no es encomiable (no recibe elogio, o alabanza, sino al  contrario).

Lucas 9:62 “Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios”.

Lucas 14:28-29 “Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él”.

Muchos comienzan pero no terminan; no perseveran hasta el fin.  “Y corramos  con paciencia (perseverancia) la carrera que tenemos por delante” (Heb. 12:1). ¿A cuántos cristianos hemos visto comenzar, y haber abandonado ya casi al final de la carrera?

A pesar de su desánimo y descuido personal, estos los hebreos todavía estaban en carrera, no habían sido aún eliminados. Pero debían ver la necesidad de desarrollar la “resistencia”. Su mayor ejemplo en resistir a pesar de aflicciones, era Jesús (v. 2-3). Debían terminar la carrera, tal como Jesús lo había hecho para su salvación eterna.

Solo los que se disciplinan a sí mismo y terminan, recibirán el premio.

Filipenses 2:16 “asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado”.

1 Corintios 9:24 “¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis”.

1 Corintios 9:26: “Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire”.

Pablo hizo todo lo posible por no correr en vano. Pablo estaba completamente resuelto a no correr en vano. Pensaba completar la carrera y obtener el premio. El punto de Pablo aquí es enfatizar que el alcanzar la vida eterna requiere mucho esfuerzo, vigor y empeño. Dado que solo uno de los corredores se va a llevar el premio, él corre con extrema energía. La idea es que cada uno de nosotros debe ser ese corredor, el que se lleva el premio.

Antes Pablo había usado esta figura. Entonces la “carrera” estaba delante de él (Hechos 20:24 “Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios”). Ahora está detrás de él.

Pablo imitaba a Jesús.  Juan 17:4 “Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que  hiciese”; 19:30 “…Consumado es…” (Todo hecho, sin cabos sueltos, sin cosas pendientes).

¿Estoy corriendo yo de esta manera?

Filipenses 3:12-14 No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. 

III. HE GUARDADO LA FE

Pablo NO discute aquí la convicción personal (no la fe subjetiva, Hebreos 11:6 “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”).

La FE (objetiva) es el cuerpo de enseñanzas de Dios – el evangelio.

Judas 3 “Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos”. 

Hechos 24:24 “Algunos días después, viniendo Félix con Drusila su mujer, que era judía, llamó a Pablo, y le oyó acerca de la fe en Jesucristo”. 

Romanos 1:5 “y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre”.

Esta es “conocible”: Juan 8:32 “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.

Esta es algo que puede ser “guardado”:  1 Timoteo 6:20 “Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia”; 2 Timoteo 1:13-14 “Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros”.

(Guardar,  Gr.  teréo  = significa vigilar sobre, preservar, guardar (Mat. 27:36), observar (Apoc. 1:3, guardan), proteger (Jn. 17:15, guardes); reservar (1 Ped. 1:4, reservada); cumplir, llevar a cabo (1 Cor. 7:19; 1 Tim. 6:14; Apoc. 3:10); conservar (1 Tim. 5:22, consérvate), retener.

Pablo no abandonó la fe, como algunos lo hicieron (2 Tim. 4.4 “y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas”). Se mantenía fiel guardando la fe (Gál. 2:20 “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”).

No “guardamos” la fe al tener una Biblia abierta en una mesita, si no por observarla, retenerla y practicarla.

Santiago 1:22-27 “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace. Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana. La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo”.

Salmos 119:11 “En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti”.

1 Juan 2:1 “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”. 

Lucas 11:28.  “Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.”.

¿Cuáles cosas guardamos o conservamos con nosotros?, y no las votamos o desechamos: las cosas que nos importan, que tienen valor para nosotros. Ese es una razón de por qué mucha gente no guarda la palabra de Dios; es porque no la estiman, no la valoran, no al aprecian.

No “guardamos” la fe para la salvación de nosotros mismos, sino también para otros. 1 Timoteo 4:13-16 “Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza. No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio. Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren”.

¿Estoy yo guardando la fe de esta manera?

Santiago 1:21 “Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas”. 

¿Entiendo el valor y utilidad que tiene para mí el evangelio, las enseñanzas de Dios?

¿Demuestra eso mi dedicación y diligencia por estudiar y buscar la enseñanza que vienen de ella?

¿Trato de estar en  cada lugar donde habrá enseñanza de la Palabra, y con buena actitud?

Pablo vivía en torno a las enseñanzas de la Palabra del Señor.

IV. ME ESTÁ GUARDADA LA CORONA DE JUSTICIA

La confianza debe ser hallada en el cristiano

Tito 2:11-12 “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente”.

Hebreos 6:11-12 “Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas”.

 

Hebreos 10:22 “acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura”.

 

1 Juan 2:28 “Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados”. 

1 Juna 3:19, 21 “Y en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él; 21 Amados si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios.” 

Dios no nos salvó para que nosotros tengamos dudas: Romanos 8:31-32 “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?”

No es recomendar la jactancia o vanagloria, ni aun el mérito.

Conceptos falsos:

 

1. “Una vez salvo, siempre salvo” (perseverancia de los santos; Calvinismo). Libro de Hebreos entero, fue escrito para advertir a los cristianos hebreos de volver atrás.

Lucas 8:13 “Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan”.

2 Pedro 2:20-22 “20 Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno”.

Gálata 5:4 “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído”.

2. Que hay que estar completamente maduro en todos los aspectos para tener esperanza para ir al cielo.

¿Cómo tener el concepto correcto de la seguridad de nuestra salvación? Dos condiciones:

1)      Estar en Cristo.

Romanos 8:1-2 “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte”.

¿Cómo se llega a estar en Cristo?

Gálata 3:26-27 “pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos”. 

Romanos 6:3-4 “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva”.

2)       Estar Creciendo en Cristo.

1 Pedro 1:5-8 “que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso”.

La confianza en Cristo es de estar seguros que Su gracia puede cubrir mis pecados, haciendo  la corona disponible para mí. Pablo tenía tal confianza  1 Timoteo 1:12-15 “Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio, habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad. Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús. Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero”.

Le estaba guardada la corona de “justicia”…

1. Porque él había peleado y corrido “legítimamente” (2 Tim. 2:5) hasta el fin.

2. “Juez justo”. Pablo había tenido mucha experiencia con jueces injustos (Festo, Felix, el emperador).

1 Corintios 4:3-5 “Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aun yo me juzgo a mí mismo. Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor. Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios”. 

El único veredicto importante es el veredicto del Señor Jesucristo.

¿Tengo confianza de recibir esta corona o no? “Y no solo a mí, sino a todos los que aman su venida”.

1 Juan 4:18 “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.” 

Apocalipsis 22:20, “El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús”. Todos los que aman su venida dicen “Señor, ven pronto”.

 CONCLUSIÓN

  1.  Si nosotros no peleamos, si no finalizamos la carrera, y si no guardamos la fe, estaremos perdiendo nuestro tiempo, y nosotros no recibiremos la corona.

  1. Si nosotros no luchamos, si no finalizamos  la carrera, y si no practicamos la fe, un día  nosotros nos lamentaremos por nuestros fracasos.

Lucas 16:25 “Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado”. 

  1. Que podamos ser capaces de decir también estas cuatro cosas que Pablo dijo con toda seguridad, no solo al final de nuestras vidas (por Ej. vejez), sino al finalizar cada día. (No sabemos si estaremos vivos mañana, o si sea la segunda venida del Señor).

  1. El tiempo (la oportunidad) es nuestro ahora… ¿qué puede decir usted?

ILUSTRACIONES:

EL CRISTIANO ES UN HIJO DEL REY

Se dice que en cierta ocasión el Emperador Napoleón I se encontraba delante de un grupo de soldados, cuando de repente su caballo se desbocó; entonces un soldado raso se lanzó hacia el caballo, y, cogiendo el freno del caballo, pudo pronto detenerlo. Se dice que Napoleón saludó al soldado raso y le dijo: “Gracias, mi capitán”. El soldado se sorprendió al oír a Napoleón decirle “capitán”, pues él era un simple soldado raso, pero inmediatamente pensó que se encontraba delante de Napoleón, y que si él quería, podía hacerlo capitán. Así que, saludó a su Emperador y le preguntó: “¿De qué regimiento, mi Emperador?” El emperador le contestó: “De mi guardia personal.” Aquel soldado raso se presentó como capitán ante el jefe de la guardia personal de Napoleón; el oficial, viéndolo con uniforme de soldado raso, le preguntó: “¿Capitán, por órdenes de quién?” — “Por órdenes de mi Emperador, Napoleón I.”

En ese momento dejó de ser soldado raso y llegó a ser capitán. Si este soldado raso no hubiese tenido fe, hubiera dicho: “Mi Emperador me dice capitán, pero yo no soy más que un soldado raso. Por el susto que le dio el caballo, se equivocó y me dijo capitán”, y se hubiera ido a tomar su lugar y habría permanecido soldado raso toda su vida.

Hoy, este día, por la fe puedes ser hecho hijo de Dios, pidiendo a Dios perdón de tus pecados, aceptando a Cristo Jesús como tu Salvador personal, y dejando que el Espíritu Santo haga su obra regeneradora en tu ser.

 

Todos nosotros por naturaleza somos “hijos de ira”, hijos de desobediencia; pero Dios en su infinito amor e infinita misericordia quiere hacernos sus hijos. En el evangelio de nuestro Señor Jesucristo según Juan 1:12, encontramos estas preciosas palabras: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.”

LA FE DE UN NIÑO

Un pobre muchacho alemán, que deseaba ser recibido en una escuela morava, escribió una carta, la cual dejó en el correo, dirigida al “Señor Jesús en el cielo.” La carta decía más o menos como sigue: “Mi Señor y Salvador Jesucristo: he perdido a mi padre. Somos muy pobres, pero yo sé que tú dices en tu palabra que lo que pidiéramos a Dios en tu nombre, él nos lo dará. Yo creo lo que tú dices, Señor. Ruego pues, a Dios, en tu nombre Señor Jesús, que dé a mi madre los medios necesarios para colocarme en la escuela morava: ¡Me gustaría mucho seguir estudiando! Te lo ruego; y te amaré aún más.”

El administrador de correos, viendo la dirección tan extraña, abrió la carta. Fue leída en una reunión de la Sociedad Morava, y la baronesa de Leppe aceptó la responsabilidad de ser la protectora del muchacho y lo envió a la escuela como él deseaba.

LA FE ILUSTRADA

Estaba ardiendo una casa. Todos se habían salvado, excepto un niño, en el segundo piso. La escalera estaba llena de llamas y humo y no había salida sino por la ventana.

— ¡Papá, papá! ¿Cómo escaparé? —gritaba el niño.

—Aquí estoy —gritaba el padre—: déjate caer, te recibiré en mis brazos; tírate, Carlitos, yo te recibiré.

Carlos salió a gatas por la ventana, pero allí quedó agarrado, porque tenía miedo, sabiendo que era muy largo el trecho hasta la calle.

—Suéltate, déjate caer —gritaba el padre.

—No puedo verte, papá.

—Pero yo sí te veo: aquí estoy; ten confianza, suéltate, que yo te salvaré.

—Tengo miedo de caer.

—Suéltate, tírate —gritaban otras voces—, tu padre te recibirá con toda seguridad; no tengas miedo.

Acordándose de la fuerza y del amor de su padre, el niño recobró la confianza y se dejó caer. A los pocos instantes se halló salvo en los brazos de su padre.

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