Santiago de Cuba, 03 de marzo del 2015
Tema: ¿Cómo resolver problemas con oración?
Por el hermano Fernando Enrique Bolivar Elliot
Para mis hermanos de la Iglesia
Fuente: 2 Crónica 20:1-30
Comentario de la Biblia de Matthew Henry
Comentario exegético y explicativo de la Biblia – Tomo 1: Antiguo Testamento
1 Pasadas estas cosas, aconteció que los hijos de Moab y de Amón, y con ellos otros de los amonitas, vinieron contra Josafat a la guerra. 2 Y acudieron algunos y dieron aviso a Josafat, diciendo: Contra ti viene una gran multitud del otro lado del mar, y de Siria; y he aquí están en Hazezon-tamar, que es En-gadi. 3 Entonces él tuvo temor; y Josafat humilló su rostro para consultar a Jehová, e hizo pregonar ayuno a todo Judá. 4 Y se reunieron los de Judá para pedir socorro a Jehová: y también de todas las ciudades de Judá vinieron a pedir ayuda a Jehová.
Aunque el texto hebreo dice amonitas, la Septuaginta (LXX) dice meunitas, lo que probablemente sea correcto, ya que parece improbable que se refiera a los amonitas dos veces en el mismo vers. Los meunitas eran miembros de una tribu en el desierto que vivía al sudeste del Mar Muerto. Su capital era Maan. Aunque vivían al este de Edom, no eran edomitas. Fueron conquistados por la tribu de Simeón.
En vez de Siria, algunas versiones dicen: “Edom”, y muchos críticos competentes prefieren esta lección porque las tribus nómadas aquí mencionadas estaban lejos de Siria, y porque se hace mención del Monte Seir. Edom. El sentido, entonces, es que esta horda confederada se componía de tribus diferentes que habitaban las regiones lejanas sobre la costa norte y éste del Mar Rojo. Su progreso era aparentemente por el sur del Mar Muerto, hasta En-gedi, que, anteriormente se llamaba Hasasón-tamar (Génesis 14:7). Esta es la ruta uniforme tomada por los árabes en sus expediciones de pillaje en la actualidad; y al venir por el cabo sur del Mar Muerto, pueden penetrar por el bajo Ghor hasta muy al norte, sin dejar que sus movimientos sean conocidos por las tribus y aldeas al oeste de la cadena de montañas. Así antiguamente la horda invasora en el tiempo de Josafat había marchado hacia el norte hasta En-gedi, antes que el conocimiento de su avance fuese llevado a la corte. En-gedi se reconoce como el moderno Ain-jedy, y está situado a un punto sobre la costa occidental, casi equidistante de ambos extremos del lago.
Alarmado por la inteligencia, y consciente de su total incapacidad de repeler esta hueste de invasores, Josafat sentía que su único refugio estaba en el altar. Resolvió emplear la ayuda de Dios, y, en conformidad con esta resolución, convocó a todos sus súbditos a observar un solemne ayuno en el santuario. Era costumbre de los reyes hebreos proclamar ayunos en circunstancias peligrosas, en una ciudad, un distrito, o por todo su dominio, según la emergencia. En esta ocasión era un ayuno general que se extendía a los niños (v. 13; véase también Joel 2:15, 16; Jonás 3:7).
En todos los peligros, públicos o personales, nuestra primera tarea debe ser buscar la ayuda de Dios. De ahí la ventaja de tener días de ayuno y oración nacionales. De principio a fin la búsqueda del Señor debemos acercarnos a Él humillados por nuestros pecados, confiando solamente en su misericordia y poder. Josafat reconoce el dominio soberano de la Divina Providencia.
5 Entonces Josafat se puso en pie en la asamblea de Judá y de Jerusalén, en la casa de Jehová, delante del atrio nuevo; 6 Y dijo: Jehová Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en los cielos, y te tienes dominio sobre todos los reinos de las naciones? ¿No está en tu mano tal fuerza y poder, que no hay quien te resista? 7 Dios nuestro, ¿no echaste tú los moradores de esta tierra delante de tu pueblo Israel, y la diste a la descendencia de Abraham tu amigo para siempre? 8 Y ellos han habitado en ella, y te han edificado en ella santuario a tu nombre, diciendo: 9 Si mal viniere sobre nosotros, o espada de castigo, o pestilencia, o hambre, nos presentaremos delante de esta casa, y delante de ti, (porque tu nombre está en esta casa,) y a causa de nuestras tribulaciones clamaremos a ti, y tú nos oirás y salvarás. 10 Ahora, pues, he aquí los hijos de Amón y de Moab, y los del monte de Seir, a cuya tierra no quisiste que pasase Israel cuando venía de la tierra de Egipto, sino que se apartase de ellos, y no los destruyese; 11 He aquí ellos nos dan el pago viniendo a arrojarnos de la heredad que tú nos diste en posesión. 12 ¡Oh Dios nuestro! ¿No los juzgarás tú? porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros: no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos. 13 Y todo Judá estaba en pie delante de Jehová, con sus niños y sus mujeres, y sus hijos.
Josafat menciona el templo como señal de la presencia favorable de Dios. Plantea la injusticia de sus enemigos. Nosotros bien podemos apelar a Dios en contra de los que nos devuelven mal por bien. Aunque tenía un ejército grande dijo: … en nosotros no hay fuerza… no sabemos qué hacer… a ti volvemos nuestros ojos.
Esta oración ardiente e impresionante abarca todo tema y argumento que, como rey y representante del pueblo, podía él invocar; y luego concluye con una apelación ardiente a la justicia de Dios para que protegiera a aquellos que, sin provocación, eran atacados, y que eran impotentes para defenderse contra números aplastantes.
Jeremías 32:17 “17 ¡Oh Señor Jehová! he aquí que tú hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder, y con tu brazo extendido, ni hay nada que sea difícil para ti;”
14 Y estaba allí Jahaziel hijo de Zacarías, hijo de Benaía, hijo de Jeiel, hijo de Matanías, levita de los hijos de Asaf, sobre el cual vino el espíritu de Jehová en medio de la reunión; 15 Y dijo: Oíd, Judá todo, y vosotros moradores de Jerusalén, y tú, rey Josafat. Jehová os dice así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande; porque no es vuestra la guerra, sino de Dios. 16 Mañana descenderéis contra ellos; he aquí que ellos subirán por la cuesta de Sis, y los hallaréis junto al arroyo, antes del desierto de Jeruel. 17 No habrá para qué peleéis vosotros en este caso: paraos, estad quedos, y ved la salvación de Jehová con vosotros. Oh Judá y Jerusalén, no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, que Jehová estará con vosotros. 18 Entonces Josafat se inclinó rostro a tierra, y asimismo todo Judá y los moradores de Jerusalén se postraron delante de Jehová, y adoraron a Jehová. 19 Y se levantaron los levitas de los hijos de Coat y de los hijos de Coré, para alabar a Jehová el Dios de Israel con fuerte y alta voz.
Ilustración:
FE Y TEMOR (Hebreos 11:6)
En la galería de arte de Manchester puede verse un famoso cuadro de Briton Riviere, titulado “In Manus Tuas, Domine”, acerca del cual el artista dijo: “Si mi cuadro no lleva una lección para la época presente, sean cuales fueren nuestras dudas y temores, diré que he fracasado.” El cuadro habla del triunfo de la fe. Representa a un joven caballero revestido de su armadura, montado en un caballo blanco, cuya cabeza inclinada, nariz temblorosa y miembros trémulos denotan un intenso terror. Al pie del cuadro se ven tres perros de caza que también miran con terror hacia adelante, donde se extiende el desierto con sus peligros y terrores desconocidos. El caballero siente temor como los brutos que lo acompañan; pero hay en él algo que lo eleva sobre ellos y sobre su miedo: es la fe. Levantando su espada, dice: “En tus manos, Señor”, y prosigue su camino. Por la fe domina su temor, y dice: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré ningún mal.”—J. Burns.
El Espíritu de profecía cayó sobre un levita en medio de la congregación. El Espíritu, como el viento, sopla de donde quiere y sobre quien quiere. Los anima a confiar en Dios. Que el soldado cristiano salga contra sus enemigos espirituales y el Dios de paz le hará más que vencedor. Nuestras tribulaciones resultarán ser nuestro provecho. La ventaja será toda nuestra, pero toda la gloria debe ser dada a Dios. Este profeta no se menciona en otra parte, pero su título a la inspiración de un espíritu profético fue verificado por el anuncio sereno y distinto que dio, tanto de la manera como la perfección de la liberación que él predijo.
Josafat inclinó su rostro a tierra como actitud expresiva de reverencia a Dios y su palabra, de confianza en su promesa y gratitud por favor tan extraordinario. Sin duda, por mandamiento del rey; y por la confianza en Dios en la ya segura victoria, se levantaron los levitas para alabar a Jehová el Dios de Israel con fuerte y alta voz.
20 Y cuando se levantaron por la mañana, salieron por el desierto de Tecoa. Y mientras ellos salían, Josafat estando en pie, dijo: Oídme, Judá y moradores de Jerusalén. Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados. 21 Y habido consejo con el pueblo, puso a algunos que cantasen y alabasen a Jehová, vestidos de ornamentos sagrados, mientras salía la gente armada, y que dijesen: Glorificad a Jehová, porque su misericordia es para siempre. 22 Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab, y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros: 23 Porque los hijos de Amón y Moab se levantaron contra los del monte de Seir, para matarlos y destruirlos; y cuando hubieron acabado con los del monte de Seir, cada cual ayudó a la destrucción de su compañero. 24 Y luego que vino Judá a la torre del desierto, miraron hacia la multitud; y he aquí yacían ellos en tierra muertos, pues ninguno había escapado. 25 Viniendo entonces Josafat y su pueblo a despojarlos, hallaron entre los cadáveres muchas riquezas, así vestidos como alhajas preciosas, que tomaron para sí, tantos, que no los podían llevar: tres días estuvieron recogiendo el botín, porque era mucho. 26 Y al cuarto día se juntaron en el valle de Beraca; porque allí bendijeron a Jehová, y por esto llamaron el nombre de aquel paraje el valle de Beraca, hasta hoy. 27 Y todo Judá y los de Jerusalén, y Josafat a la cabeza de ellos, volvieron para regresar a Jerusalén gozosos, porque Jehová les había dado gozo librándolos de sus enemigos. 28 Y vinieron a Jerusalén con salterios, arpas, y trompetas, a la casa de Jehová. 29 Y el pavor de Dios cayó sobre todos los reinos de aquella tierra, cuando oyeron que Jehová había peleado contra los enemigos de Israel. 30 Y el reino de Josafat tuvo paz; porque su Dios le dio paz de todas partes.”
Probablemente en la puerta de Jerusalén, el lugar de reunión; y como el pueblo estaba por salir, él los exhortó a poner confianza implícita en el Señor y su profeta, a no ser tímidos o desalentados al ver al enemigo, sino a estar firmes en la seguridad de una liberación milagrosa, sin que ellos pegasen un solo golpe. Josafat exhorta a sus tropas a tener fe firme en Dios. La fe inspira al hombre valor verdadero; nada le ayudará más a establecer el corazón en tiempos de temblor que la fe firme en el poder, la misericordia y la promesa de Dios. En toda nuestra confianza en el Señor y en nuestras alabanzas a Él, miremos especialmente su misericordia eterna para con los pecadores por medio de Jesucristo. —Nunca fue un ejército tan destruido como el del enemigo. De esta manera, Dios suele hacer que la gente mala se destruya entre sí. Nunca se celebró una victoria con una acción de gracias más solemne.
Ilustración:
LA FE ILUSTRADA (Hechos 17:1–12; Efesios. 2:8; 1 Tesalonicenses. 5:16–24).
Un maestro cristiano quiso enseñar de manera más viva y práctica la verdad referida, y saber que la salvación es un don divino que se recibe por la fe. Para este fin sacó de su bolsillo el reloj y lo ofreció “sin dinero y sin precio” al mayor de sus discípulos, diciéndole: “El reloj será tuyo si lo quieres aceptar.”
Mas el jovencito no pudo creer que fuese verdad ese ofrecimiento. Se quedó sentado sonriendo, sin alargar la mano para recibir el reloj. Vista la incredulidad de éste, el maestro ofreció el reloj al discípulo inmediato, diciéndole: “El reloj es tuyo si lo aceptas.”
Este pensaba que el maestro se burlaba de él y que los compañeros se reirían si alargaba la mano. Así es que por no tener confianza en las palabras del maestro, quedose sentado y se quedó sin el reloj.
Y así continuó el maestro ofreciendo su reloj a casi todos los alumnos; pero ninguno tenía fe en su promesa para recibirlo. Pero al fin, lo ofreció al más pequeño de la clase. Este, sí, extendió la mano, tomó el reloj, dio gracias al maestro y se lo metió en el bolsillo.
Todos se rieron de la sencillez del pequeño pensando que el maestro sólo lo había engañado. Pero dijo el maestro:
“Me alegro mucho porque tú, a lo menos, tuviste fe en mis palabras. El reloj es realmente tuyo para siempre. Cuídalo y dale cuerda cada noche.”
Cuando los otros comprendieron que mediante esa fe sencilla el pequeño compañero había recibido de veras el reloj, sintieron pena, mucha pena por no haber creído ellos también. Pues pensaba cada cual: ¡Si yo hubiese tenido fe en el maestro, sería dueño hoy de un bonito reloj de plata; pero por mi incredulidad perdí la oportunidad!
Habiendo arreglado la línea de procesión, Josafat dio la señal para avanzar; entonces llevando la vanguardia los levitas con sus instrumentos de música, y cantando el Salmo 136, el pueblo siguió adelante, no como un ejército que marchase contra el enemigo, sino como regresando de un triunfo, gozosos después de la victoria.
“1 Alabad a Jehová, porque él es bueno, Porque para siempre es su misericordia. 2 Alabad al Dios de los dioses,
Porque para siempre es su misericordia. 3 Alabad al Señor de los señores, Porque para siempre es su misericordia. 4 Al único que hace grandes maravillas, Porque para siempre es su misericordia. 5 Al que hizo los cielos con entendimiento, Porque para siempre es su misericordia. 6 Al que extendió la tierra sobre las aguas,
Porque para siempre es su misericordia. 7 Al que hizo las grandes lumbreras, Porque para siempre es su misericordia. 8 El sol para que señorease en el día, Porque para siempre es su misericordia. 9 La luna y las estrellas para que señoreasen en la noche, Porque para siempre es su misericordia. 10 Al que hirió a Egipto en sus primogénitos, Porque para siempre es su misericordia. 11 Al que sacó a Israel de en medio de ellos,
Porque para siempre es su misericordia. 12 Con mano fuerte, y brazo extendido, Porque para siempre es su misericordia. 13 Al que dividió el Mar Rojo en partes, Porque para siempre es su misericordia; 14 E hizo pasar a Israel por en medio de él, Porque para siempre es su misericordia; 15 Y arrojó a Faraón y a su ejército en el Mar Rojo, Porque para siempre es su misericordia. 16 Al que pastoreó a su pueblo por el desierto, Porque para siempre es su misericordia. 17 Al que hirió a grandes reyes, Porque para siempre es su misericordia;
18 Y mató a reyes poderosos, Porque para siempre es su misericordia; 19 A Sehón rey amorreo, Porque para siempre es su misericordia; 20 Y a Og rey de Basán, Porque para siempre es su misericordia; 21 Y dio la tierra de ellos en heredad, Porque para siempre es su misericordia; 22 En heredad a Israel su siervo, Porque para siempre es su misericordia. 23 Él es el que en nuestro abatimiento se acordó de nosotros, Porque para siempre es su misericordia; 24 Y nos rescató de nuestros enemigos, Porque para siempre es su misericordia. 25 El que da alimento a todo ser viviente, Porque para siempre es su misericordia. 26 Alabad al Dios de los cielos,
Porque para siempre es su misericordia”. Salmos 136
Algunos creen que las emboscadas puestas a los que venían contra Judá fue hecho por ángeles en forma humana, cuya repentina aparición difundió un terror ingobernable; otros opinan que es más probable que en el campamento de esta vasta horda, compuesta de tribus diferentes, se habían suscitado celos y animosidades, que llevaron a disensiones y riñas fieras, y que ellos desenvainaron la espada uno contra otro. La consecuencia fue, que como la contienda mutua comenzó, cuando la procesión hebrea salía de Jerusalén, la obra de destrucción fue completada antes que Josafat y su pueblo, llegaran al campo de batalla. Tan fácil es que Dios haga que la ira de los hombres le alabe, como que confunda los consejos de sus enemigos y que emplee las mismas pasiones de ellos para destruir las maquinaciones que ellos habían inventado para derrotar a su iglesia y pueblo.
Josafat y su pueblo hallaron el campo sembrado de cuerpos muertos, de modo que no tuvieron que pelear nada, sino tomar posesión de un botín inmenso, la recolección del cual ocupó tres días. Al cuarto día emprendieron el regreso a Jerusalén, en el mismo orden y espíritu gozoso como vinieron. El lugar donde se unieron antes de la salida, por el servicio de acción de gracias, fue llamado “El valle de Beraca” (bendición), ahora Wady Bereikut.
Ilustración:
MATEO HENRY ASALTADO (Romanos 12:21).
Mateo Henry, el famoso autor del comentario que lleva su nombre, fue asaltado por unos ladrones que le robaron su cartera. Entonces él escribió lo siguiente en su diario: “Señor, ayúdame a estar agradecido; primero, porque nunca antes he sido robado; segundo, porque aunque se llevaron la cartera, no me quitaron la vida; tercero, porque aunque se llevaron todo lo que tenía yo, no era mucho; y cuarto, porque fui yo quien fue robado y no quien robó.”
Conclusiones:
Hermanos, el pasaje de Josafat, es un ejemplo de lo que puede hacer una oración ferviente a nuestro Señor, de lo que Dios hace con nuestros problemas y aflicciones. Debemos siempre buscar de arriba y no de la tierra, de buscar primero a nuestro Señor ante cualquier tribulación. Por eso es importante que tengamos siempre presente las siguientes afirmaciones:
- A Dios le interesan nuestros problemas.
- Dios es más grande que todos nuestros problemas.
- Nuestra primera respuesta a nuestros problemas debe ser buscar al Señor.
- Tal vez Dios quiera involucrar a otras personas para resolver tu problema.
- Dios siempre nos dará la solución a nuestro problema.
- Nuestras oraciones deben centrarse en Dios y no en nuestros problemas.
- La solución de Dios generalmente requiere un acto de fe.
- La solución de Dios es siempre la mejor.





































































































































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