“Ama de casa sobrecargada de trabajo”

Santiago de Cuba, 04 de febrero del 2015

Tema: “Ama de casa sobrecargada de trabajo”

Por el hermano Fernando Enrique Bolivar Elliot
Para mis hermanos de la Iglesia

Fuente: Lucas 10:40-41
Biblia de Estudio-LBLA
Comentario de la Biblia Matthew Henry
Estudio Bíblico ELA

Ilustraciones:

LA MUJER (1 Pedro 3:7).

Dice el proverbio persa: “No hieras a la mujer ni con el pétalo de una rosa”. Mas yo te digo: “No la hieras ni con el pensamiento.”

LA INFLUENCIA DE LA MUJER (Gén. 1:27–30; 2:18–25; 3:1–21; 4:17–25; 1 Rey. 21:5–10, 16–20; Prov. 5:3–23; 6:26–35; 7:1–27; 9:13–18; 11:22; 12:4; 14:1; 19:14b; 21:9, 19; 27:15, 16; 31:10–31; Jn. 4:5–42; Rom. 16:1–15; 1 Cor. 7:34b; Ef. 5:22–33; Col. 3:18–21; 1 Tim. 2:9–15; 3:11; 5:9–16; Tito, 2:3–5; 1 Ped. 3:1–7).

La mujer ejerce una tremenda influencia sobre el hombre: esto es un hecho indubitable. En cada acontecimiento importante de la historia de la humanidad o de los individuos encontramos, cuando estudiamos desapasionadamente, a la mujer ejerciendo su influencia sobre el hombre. La historia y la experiencia se dan la mano en su testimonio a este respecto. De Agripina, la madre de Nerón, se ha dicho que acostumbraba asistir a las reuniones del senado romano oculta tras espeso cortinaje; y un poeta, presentando una hermosa paradoja a este respecto, ha dicho que “Agripina estaba presente aunque ausente, en el senado.” Nosotros, usando esta figura, podemos decir que la mujer ejerce tal influencia en la humanidad que en cada uno de sus hechos está presente aunque esté ausente. Es decir, podremos no verla a primera vista; pero si estudiamos bien el asunto la encontraremos ejerciendo su influencia en cada uno de esos acontecimientos.

Lucas 10:40-42 “40 Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. 41 Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas”. 42 Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”.

La comunión con Cristo es una prioridad

Principia esta sección con la visita del Señor a casa de unos amigos. El relato breve y hogareño se encuentra exclusivamente en este evangelio. Lucas sólo menciona a las hermanas Marta y María, así que no se sabe si su hermano Lázaro o alguno de los discípulos estaban presentes. Otras porciones del Nuevo Testamento mencionan que vivían en Betania, un pueblo situado cerca de Jerusalén en la ruta hacia Transjordania.

Las hermanas tenían mucho en común. Ambas eran creyentes, y amaban al Señor. Es obvio que Cristo también las amaba. Las dos le rendían honor cuando muy pocos lo hacían, y se regocijaron por su visita.

Pero así como citamos las semejanzas, debemos observar las diferencias. Es probable que Marta fuera muy activa e impulsiva, así que expresó sus sentimientos en forma abierta. Por otro lado, María era quieta, contemplativa y aunque sentía profundamente, no se expresaba igual que su hermana.

En la ocasión que Lucas relata, María aprovechó la presencia de Cristo, y sentada a sus pies: “oía sus palabras” (10:39). En cambio, Marta “se preocupaba con muchos quehaceres” (10:40). No cabe duda que el amor que sentía por Cristo la motivaba a preparar lo mejor para el Maestro. Sin embargo, el afán la dominó e hizo que se quejara de su hermana y del Señor por no reprenderla por su indiferencia hacia los deberes domésticos.

Conociendo lo más íntimo del corazón, Cristo comentó con ternura: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” (10:41–42).

Marta se preocupaba… (Vv. 10:40). Marta, ocupada en los arreglos necesarios para la estadía del Señor, se resentía al ver a María escuchando a Jesús en vez de ayudarla en los quehaceres domésticos. Aunque la actitud de Marta es comprensible, su prioridad es incorrecta, y tipifica a los tres que querían ser discípulos de Cristo en Lucas 9:57–62 “57 Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas.
58 Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. 59 Y dijo a otro: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre.
60 Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios.
61 Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. 62 Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios”.

Sólo una cosa es necesaria… (Vv. 10:42). Jesús señala que sólo una cosa es de verdadero valor; es decir, el recibir la enseñanza directamente de Cristo, lo cual María había decidido hacer.

Es una prioridad estar a los pies de Jesucristo

El Señor establece aquí las prioridades; él no está contra la hospitalidad, la buena comida, o las comodidades y arreglo de la casa. Sin embargo, lo que vale es la comunión espiritual que ejemplifica María. Se podría decir que es el servicio más alto que uno puede dar.

No hay que pensar que Cristo enseña que la vida de un creyente ha de ser quieta y contemplativa, como la de un ermitaño evangélico. Tampoco que Jesús reprueba la vida activa. Más bien, lo que censuró fue la actitud de Marta al criticarlo a él y a su hermana. Ansiosa y agitada, descuidaba lo más importante, que es la íntima comunión con él, para dedicarse solamente a los quehaceres de la casa.

El asunto se refiere a que todo es cuestión de prioridades, y Cristo quiere que las tengamos en orden. ¡Difícil la lección! Cuesta mucho aprenderla y ponerla en la práctica.

Ilustración:

POLICIA PUESTO POR DIOS PARA SERVIRLE (Jn. 15:16).

En la ciudad de Birmingham, un policía se convirtió al cristianismo. Pero cuando desempeñaba su trabajo presenciaba tales cuadros de pecado y desgracia, que por un tiempo su esposa y él pidieron a Dios que les abriera la puerta de otro empleo. Oraron, pero no se recibió respuesta.

Por fin, un día él dijo a su esposa: “Me parece que hemos cometido un error. Hemos implorado que se me conceda cambiar de empleo, pero empiezo a creer que Dios me ha colocado como policía a propósito. Ahora voy a pedirle que me ayude a servir donde estoy.”

Así principió su vida de magníficos servicios. Su influencia sobre los demás policías creció tanto que pronto lo nombraron director de detectives. Fue el instrumento que Dios usó para convertir a varios criminales.

Dios le ha puesto a usted donde se encuentra ahora, porque sabe que allí es donde puede rendir el mejor servicio.

Un buen sermón no es peor por ser predicado en una casa; y las visitas de nuestros amigos deben ser de tal modo administradas como para hacer que busquen el bien de sus almas. Sentarse a los pies de Cristo significa disposición pronta para recibir su palabra, y sumisión a su dirección. Marta estaba preocupada de atender a Cristo y a los que venían con Él. Aquí había respeto hacia nuestro Señor Jesús en la atención correcta de sus quehaceres domésticos, pero había algo de culpa. Ella estaba muy dedicada a servir: abundancia, variedad, y exactitud. La actividad mundanal es una trampa para nosotros cuando nos impide servir a Dios y obtener lo bueno para nuestras almas. ¡Cuánto tiempo se desperdicia innecesariamente y, a menudo, se acumulan gastos para atender a quienes profesan el evangelio! —Aunque Marta era culpable en esta ocasión, era, no obstante, creyente verdadera y su conducta general no descuidaba la cosa necesaria. El favor de Dios es necesario para nuestra dicha: la salvación de Cristo es necesaria para nuestra seguridad. Donde se atienda esto, todas las demás cosas tomarán su correcto lugar. Cristo declaró: María ha elegido la buena cosa. Porque una cosa es necesaria, y esta cosa hizo ella, rendirse a la dirección de Cristo. Las cosas de esta vida nos serán quitadas por completo cuando nosotros seamos quitados de ella, pero nada nos separará del amor de Cristo y de tener parte en ese amor. Los hombres y los demonios no pueden quitárnoslo, y Dios y Cristo no lo harán. Preocupémonos con más diligencia de la única cosa necesaria.

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